PUBLICACIONES Causas y consecuencias del Cambio Climático Global

(por Marcos Angel Villalba)

Durante las últimas décadas, el planeta tierra ha experimentado un acelerado proceso de calentamiento global. La temperatura media de la atmósfera terrestre y de los océanos se ha elevado desde finales del siglo XIX, debido a la actividad humana relacionada con la industrialización, principalmente por la quema de combustibles a base de petróleo, carbón y gas.
       Este exceso de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera produce una capa traslúcida, parecida a un invernadero que permite que la radiación solar entre al planeta, pero que no pueda salir durante la noche. Por eso, al calentamiento global  se lo conoce también como efecto invernadero.      
   Se predice que las temperaturas continuarán subiendo en el futuro, si continúan las emisiones de gases que producen este efecto invernadero.
Los impactos del calentamiento global son graves y cada vez más evidentes. Entre ellos se incluyen sequías en unas zonas, inundaciones en otras, los casquetes polares se derriten, al igual que los glaciares (que son importantes fuentes de agua dulce). Hay una extinción masiva de especies relacionada con el cambio climático.
En 1992, en el marco de la Cumbre de la Tierra que tuvo lugar en Río de Janeiro, los gobiernos del mundo adoptaron el Convenio de Cambio Climático, en el que los países que más CO2 producen se comprometieron a tomar medidas para reducir sus emisiones. Estos países fueron agrupados en el llamado Anexo 1.
Más tarde, en 1997, se adoptó el llamado Protocolo de Kyoto. Este obliga a los países del Anexo 1 a reducir sus emisiones en un 5,2% entre 2008 y 2012, en relación a las emisiones que generaban en 1990.

Con todo, el aumento de la temperatura atmosférica y la quema de combustibles fósiles son dos caras de una misma moneda. Es el punto en que se cruza la cultura del petróleo con la fragilidad de una atmósfera ahogada por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). El consenso, entre el grueso de los científicos, es que el mundo enfrenta una situación grave que, de no ser atendida con urgencia, puede ser terminal.
                Durante mucho tiempo se ha debatido si el calentamiento global es, en efecto, obra humana o forma parte de los ciclos naturales de cambios de temperaturas. Sobre los cambios cíclicos que traen las edades de hielo y luego milenios templados existen muchas teorías. Lo que hicieron los científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC) de Naciones Unidas fue modelar las oscilaciones climáticas naturales a lo largo del desarrollo del planeta. Luego concluyeron que, aún descontando las mutaciones climáticas naturales, hay un cambio provocado por la deforestación y las emisiones generadas por los combustibles fósiles y, en particular, por el petróleo y sus derivados, razón por la cual siendo un efecto provocado por los humanos, esta en manos de los causantes evitarlo.
En el caso de los GEI, lo que importa es establecer la relación de causa y efecto con el calentamiento global. En este sentido, toda la evidencia apunta a que los fenómenos climáticos derivados del calentamiento son causados por varios gases, pero en particular por el CO2. La principal fuente de emisión de este gas es la quema de combustibles fósiles destinada a la generación de energía. Aquí se cierra el círculo: los problemas del calentamiento global derivan, ante todo, de las fuentes energéticas utilizadas, léase: petróleo, carbón y gas, en ese orden.
                               Al igual que en los tiempos de guerra se emplea el lenguaje más aséptico posible para aludir a las masacres, aquí se hace referencia con la mayor neutralidad al “cambio climático”. Luego se señala a los gases como los causantes del fenómeno, como si éstos emanaran de la nada. Rara vez se menciona que la situación es la resultante de un sistema político y de un modelo económico basado en una expansión permanente de un consumismo que no es sustentable. Sociedades guiadas por un afán ilimitado de acumulación de riqueza están destinadas a estrellarse contra las limitantes de una naturaleza cuyos recursos son finitos. La deforestación avanza al ritmo de la creciente demanda de materias primas y así, con miles de pequeños cortes se contraen las superficies verdes que absorben el CO2 y regulan el clima planetario. El problema político es quién y cómo se fijan las directrices económicas que afectan al conjunto de la sociedad. El calentamiento global produce ya cambios en la agricultura que repercuten en escasez y ello en hambre para los de siempre: los más vulnerables. Hay, en todo caso, pocas cosas más complejas que establecer códigos universales de comportamiento.
                                              El debate no apunta a si habrá un Peak oil – el punto en que la producción petrolera alcanza su punto máximo para iniciar su declinación -, sino que las divergencias al respecto radican en cuándo ello ocurrirá o si, incluso, ya estamos en la fase de contracción. A la escasez se suma una limitante de gravitación insoslayable: el deterioro que producen las emisiones de los GEI. Por lo tanto, el eje ha girado de las energías convencionales – los combustibles fósiles, la energía nuclear y las grandes represas hidroeléctricas – a las energías renovables no convencionales (ERNC): uno de los mayores retos de nuestros tiempos es capturar la abundante energía que existe en la naturaleza para ponerla al servicio humano en cantidades, tiempos y costos requeridos con la menor alteración posible del medio ambiente, y que – como su denominación lo indica – son fuentes que se renuevan con las lluvias, el viento, las mareas y las cosechas.
                      La eficiencia energética, el ahorro y las nuevas tecnologías son una condición necesaria para lograr una sociedad lo más neutral posible en cuanto  a las emisiones de CO2.. Pero no es suficiente. El cambio fundamental es cultural. De hecho, la aceptación de nuevos productos, como los automóviles híbridos, pasa por la voluntad de los consumidores a pagar más a cambio de aportar a una mejor atmósfera. La velocidad del avance de las tecnologías verdes dependerá tanto de factores económicos como políticos.

Colegio de Magistrados y Funcionarios Junin | 2015

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